El oro y la plata se disparan a niveles sin precedentes después de que Trump amenace con aranceles por Groenlandia

El oro y la plata se disparan a niveles sin precedentes después de que Trump amenace con aranceles por Groenlandia

Los mercados son criaturas nerviosas. Susúrrales “aranceles” las suficientes veces y salen corriendo; grita “Groenlandia” encima y no solo huyen: estampidan hacia los activos refugio. En el último sacudón a un mundo que ya parecía una torre de Jenga sobre un ciclo de centrifugado, los precios del oro y la plata explotaron hasta nuevos máximos históricos después de que el presidente Donald Trump amenazara con nuevos aranceles a un grupo de aliados europeos a menos que Dinamarca aceptara vender Groenlandia a Estados Unidos. El oro al contado saltó a un máximo histórico cercano a 4.689 dólares por onza y la plata se disparó hasta alrededor de 94 dólares, un movimiento de “cohete” que tuvo a los operadores actualizando pantallas como si miraran un lanzamiento.

Nota de fecha: El repunte récord y la amenaza arancelaria por Groenlandia corresponden a los días 17–19 de enero de 2026 (no 2025). Si archivas esta entrada, mantén ese sello temporal claro; importa para el contexto de precios y cualquier análisis retrospectivo.

¿Qué encendió la mecha?

La chispa fue política y muy específica. En una publicación en redes y comentarios posteriores, Trump dijo que Estados Unidos impondría un arancel adicional del 10% a las importaciones de ocho naciones europeas —incluidas Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Países Bajos, Finlandia y el Reino Unido— a partir del 1 de febrero, con una subida al 25% en junio, “hasta que se llegue a un acuerdo” para comprar Groenlandia. No es una frase que muchos esperaran leer en una nota macro, pero aquí estamos.

Las capitales europeas no se encogieron de hombros. Emitieron una advertencia conjunta sobre una “peligrosa espiral descendente”, enmarcando la medida como un ataque a la relación transatlántica. La UE convocó conversaciones de emergencia y, según varios informes, empezó a esbozar contramedidas, incluida la posibilidad de decenas de miles de millones de euros en aranceles de represalia. Esto no es simple retórica; es el tipo de pulso político que empuja el capital hacia las clásicas apuestas de seguridad.

Las cifras que dejaron bocas abiertas

La cinta de los metales preciosos contó la historia en tipografía gigante. El oro al contado subió alrededor de un 1,6% intradía, alcanzando un pico cercano a 4.689 dólares; los futuros en EE. UU. imprimieron niveles similares. La plata hizo lo que suele hacer cuando el riesgo se enciende —amplificar el movimiento—: saltó cerca de un 4% en la jornada y tocó un récord alrededor de 94,08 dólares antes de aflojar. Platino y paladio acompañaron con ganancias menores, recordando que el “vuelo hacia la seguridad” suele elevar a todo el complejo de metales, aunque el oro sea el protagonista.

Estos nuevos máximos coronan unos doce meses extraordinarios: la escalada del oro se aceleró durante 2025 gracias a compras incesantes de bancos centrales, entradas en ETF y una serie continua de sobresaltos comerciales y de crecimiento. Para abril de 2025, el oro ya había superado los 3.500 dólares; a fin de año, las casas de análisis publicaban rutas para más avances en 2026. El acelerante geopolítico de hoy simplemente echó más oxígeno a una llama ya viva.

El desempeño de la plata ha sido aún más ruidoso. Con fuerte demanda industrial —desde la fabricación de paneles solares hasta la electrónica avanzada y los semiconductores— superpuesta a los flujos de refugio, el metal blanco adelantó al oro a lo largo de 2025 y principios de 2026. La relación oro/plata cayó hacia mínimos de varios años, una manera cuantitativa de decir que “la plata esprintó mientras el oro corría”.

Por qué el mercado reaccionó así (y por qué tiene lógica)

Cuando la retórica arancelaria parece volverse real, los inversores ejecutan un ritual bien ensayado: rotan hacia activos que no dependen de la promesa de pago de nadie. El oro, en particular, ofrece tres cualidades útiles en este tipo de drama:

  1. Es dinero apolítico. Ningún gobierno puede sancionar un lingote; no le importan las aduanas.

  2. Cubre el error de política. Las guerras comerciales tienden a ser inflacionarias a corto plazo (costes empujados al alza), dañinas para el crecimiento a medio plazo y desordenadas durante todo el proceso. Al oro le encanta esa mezcla.

  3. Es líquido cuando el miedo toca techo. Cuando los fondos necesitan efectivo, venden lo que sube… pero cuando minoristas e instituciones se mueven a la vez, suelen comprar lo que entienden. El oro es familiar.

La plata viaja al lado pero con turbocompresor. Su uso industrial la hace cíclica en “tiempos normales”; en tiempos de ansiedad, el impulso refugio se alía con la demanda manufacturera y los gráficos parecen trampolines al revés. Así se alcanza un récord por encima de 94 dólares con los titulares que vimos esta semana.

Daños colaterales: acciones, divisas y el atlas de la angustia

Aun con los mercados estadounidenses cerrados por festivo, el temblor se notó en Europa: los índices en París y Fráncfort cedieron, el sector auto patinó y la tecnología flojeó. Mientras tanto, refugios clásicos —el yen y el franco suizo— recibieron demanda junto con el oro. La cinta se pareció a instantáneas de otros episodios arancelarios, solo que con números más altos.

Los equipos de política en Bruselas y en capitales nacionales se movieron rápido. Los informes indicaron que la UE preparaba un paquete de represalias potencialmente de decenas de miles de millones de euros, mientras diplomáticos sopesaban sus herramientas legales más contundentes en la OMC y los marcos UE-EE. UU. Titulares así no calman la volatilidad; la afilan.

El trasfondo: Groenlandia, otra vez… y por qué ahora golpea distinto

Si este déjà vu de Groenlandia suena familiar, es porque lo es. La posición estratégica del territorio —rutas árticas, minerales críticos y bases militares— lleva años bajo la lupa de las grandes potencias. Lo nuevo es el vínculo explícito con tipos arancelarios y la mención de aliados concretos como blanco de castigo. Eso convierte una pugna geopolítica abstracta en una partida contable para los directores financieros. Es el salto del “riesgo narrativo” al “riesgo de flujo de caja” lo que sacude los precios.

Cómo pueden procesarlo los traders y los inversores de largo plazo sin perder el hilo

Primero, separa señal de calor. Los picos de precios por titulares de política vienen cargados de emoción. Mira bajo la superficie: datos de posicionamiento, flujos en ETF y si el cierre del día se mantiene por encima de resistencias previas. Máximos parabólicos intradía que se desinflan al cierre cuentan otra historia distinta a cierres fuertes con gran volumen. (Hoy vimos más de lo segundo.)

Segundo, respeta el “beta” de la plata pero no la confundas con una cuenta de ahorro. La volatilidad de la plata corta en ambos sentidos; el mismo beta que entregó una subida épica puede recortar ganancias ante cualquier titular de distensión. Por eso muchas casas son más estructuralmente alcistas en oro mientras admiran el sprint de la plata: los impulsores macro del oro (demanda de bancos centrales, función de reserva de valor) son más estables.

Tercero, vigila la relación oro/plata. Que la ratio caiga hacia mínimos del ciclo suele asociarse con fases finales de grandes mercados alcistas en metales preciosos. No significa “techo”, pero sí que la fácil outperformance relativa de la plata puede quedar atrás salvo que la demanda industrial siga sumando.

Cuarto, observa el calendario de represalias europeo. Si la UE presenta una respuesta musculosa —y en especial si apunta a exportaciones estadounidenses sensibles—, el árbol de probabilidades se ramifica hacia escenarios más riesgosos. Los metales preciosos podrían coger otro impulso, pero en algún punto el daño macro salpica a todo: estimaciones de beneficios, capex y confianza del consumidor.

Por qué “récord” no significa “fin del camino”

Recordatorio sacado de la biblioteca polvorienta de la historia de mercado: “máximo histórico” es un hecho estadístico, no un juicio moral. Que el oro marque un nuevo máximo no implica que deba darse la vuelta, del mismo modo que un niño de pie en una silla no significa que la gravedad esté enfadada. Los récords aparecen a lo largo de trayectorias tendenciales. En 2025, tras superar umbrales psicológicos pegajosos —3.000, luego 3.500 y después 4.000 dólares—, el oro atrajo a una nueva ola de participantes que se quedaron fuera en fases anteriores. Suma un acelerante geopolítico y obtienes el salto de hoy. El telón de fondo estructural —diversificación de reservas por parte de bancos centrales, déficits fiscales persistentes y disciplina de oferta en la minería— ya era favorable.

El caso estructural de la plata es una quimera de dos bestias: metal monetario que sube con el miedo y pilar industrial incrustado en la transición energética y la electrónica. Esa dualidad es precisamente la razón por la que su gráfico puede parecer un polígrafo durante una entrevista de trabajo. Si vas largo, entiende lo que posees. Si vas corto, cuenta las salidas por si otro titular de política sube el volumen.

¿Qué podría enfriar el rally?

Tres cosas, nada misteriosas:

  • Desescalada con cronogramas creíbles. Si Washington y las capitales europeas se alejan del abismo —pausan relojes arancelarios y abren un canal de negociación que no vincule la soberanía de Groenlandia—, la prima de seguridad puede desinflarse rápido. Busca comunicados conjuntos que subrayen el proceso más que el castigo.

  • Una sorpresa hawkish de la Fed. Una postura de política más firme de lo esperado (o rendimientos reales más altos) vuelve menos atractivos los activos sin cupón. No está en la agenda de hoy, pero conviene escuchar la retórica de los bancos centrales a medida que avanza el calendario macro.

  • Saneamientos de posicionamiento. Si el rally se vuelve demasiado popular demasiado rápido, incluso los alcistas toman beneficios. Eso no termina un mercado alcista; lo reinicia.

¿Y qué lo mantendría encendido?

  • Represalias de la UE que duelan. Paquetes en el rango de decenas de miles de millones de euros dirían “esto va en serio” y obligarían a los departamentos financieros a valorar fricciones sostenidas en sus presupuestos de 2026, manteniendo vivo el trade refugio.

  • Más titulares de récord. Los mercados son animales de manada; los récords traen flujos, los flujos alimentan estrategias de momentum y el momentum imprime nuevos récords. No es filosofía; es fontanería de mercado.

  • Escasez de oferta. Las mineras no pueden conjurar onzas nuevas al ritmo de las redes sociales. Los mercados físicos ajustados magnifican cada ola de demanda impulsada por el miedo.

La capa humana: por qué esta historia importa más allá de los tickers

A pie de calle, los aranceles son impuestos con sombreros distintos. Se ondulan desde el puerto al almacén y a la caja. Si el pulso escala, el coche importado de tu vecino encarece, la fábrica que cuenta con un componente europeo pierde ventanas de entrega y la pequeña empresa que cubrió riesgo de divisa pero no arancelario descubre los límites de sus hojas de cálculo. El oro y la plata suben no porque el mundo se acabe, sino porque la incertidumbre también grava la vida cotidiana. Los metales son nuestros viejos amigos inertes cuando la política vibra en frecuencias de subwoofer.

Así que sí, celebra si llevas oro y plata en esta escalada. Y respira. Movimientos como este recuerdan mantener la diversificación, dimensionar posiciones con humildad y recordar que la volatilidad no recompensa al que grita más fuerte: recompensa al que gestiona mejor el riesgo. El universo es extraño; las carteras deberían estar preparadas para vivir en él.

Conclusión

  • Hechos: La amenaza arancelaria de Trump explícitamente vinculada a Groenlandia sacudió a los mercados; Europa señaló oposición unificada y bosquejó represalias.

  • Resultado de mercado: Oro y plata se dispararon a máximos históricos —oro alrededor de 4.689 dólares, plata cerca de 94,08— mientras los inversores buscaban refugios.

  • Qué mirar: El calendario de políticas de la UE, cualquier desescalada desde Washington y los flujos en ETF de metales. Recuerda: los récords son hitos, no destinos.


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